Tendría quince años, tal vez dieciséis. Salí de mi casa con un saco de mi reciente fallecido tío, me dirigía a la casa de un hombre de unos treinta y cinco años que era un exnovio de un chico que conocí con Alan en el Abasto una vez años atrás de pequeñas. Me acomodé la boina y tomé el bondi hacia el microcentro, caminaba por la Avenida Córdoba en una tarde de aire fresco y sol. Sentí el desprendimiento de uno de los botones del saco pero no me detuve a buscarlo y seguí caminando hasta que llegué a la dirección. Me lo encontré antes de llegar a su puerta y mi impresión no fué para nada buena, me resultó feo y me desilucioné. Llevaba en sus manos algún objeto de computación que encontró en la calle.
Hablamos un rato en la pequeña cocina y después nos fuimos para el cuarto. Nos besamos estando yo arriba de él. En el jean se marcó el bulto de su pija parada, desabroché los botones y bajé el cierre. Su verga hinchada se introdujo en mi boca, olía a orina. No quise saber más nada, por eso solté su miembro con furia, me abroché lo desabrochado y quise irme. Me preguntó si había pasado algo y le dije que no, así que me tomé el ascensor y me fuí del edificio. Pensé luego en lo que él me había dicho una vez acerca de que si nos encontrábamos un día, de seguro que nunca más volveríamos a hablarnos.
1 comentarios:
Terrible, un desubicado...
Publicar un comentario en la entrada