Decidí aquella noche fría volver a ver a las chicas, hacía años que no salíamos, y menos juntas a aquellos lares. Me puse la campera, agarré la mochila y guardé en ella los tacos rosas. Caminé unas cuadras, me encontré con una conocida, llegó su colectivo y luego el mío. Puse las monedas y escuché cumbia en todo el viaje. Me bajé para tomarme un taxi hasta la casa de Krisstinn, no tenía timbre, oía sus voces que salían desde alguna de las ventanas, pero no me dí cuenta cual era. Una vez que entré saludé a Agustina Love, a dos chicos, a la Gaby y a unas lesbianas que eran pareja que solo a una conocía. El problema se presentó cuando Agustina me dijo que al final no había conseguido el cocó y para colmo yo había llevado dos bolsas nomás, encima de darle una a Kris. La pareja de chicas también se mostraron sedientas, y me llamaron a acercarme a la ventana donde se encontraban parloteando, me hablaron acerca de unos códigos, me dijeron que no le ofrezca nada a los otros dos pibes porque eran novatos y que por eso eran carentes de códigos, que no sabían nada. Igualmente de mi parte no les iba a ofrecer nada, no cruzamos más de diez palabras en esa reunión. Más tarde anduvimos en el auto de la Gaby rumbo al boliche, muchas copas y pocas rayas. Me dí una vuelta por el túnel y me senté en uno de los sillones, se acercó un pibe muy alto narigón, solo le toqué el bultó duro. Me dí otra vuelta y me topé con dos chicos que no traspasaban los veinte añosm así que me senté y me impusieron, en cada lado de mi hombro, cada uno su pija morocha. El que más me gustaba se encontraba a mi derecha pero se la chupé primero al de la izquierda que era un tímido. Desgraciadamente un patova que vigilaba desde ese mismo sillón los echó de mi lado y antes de meterme en la boca la pija del que más me gustaba cerró ante mis ansias más profundas la bragueta delante de mi cara. Pero a pesar de todo me alegré porque llegué a tocársela y eso fué algo para mí. Salí del obscuro y busqué a las chicas, tardé en encontrarlas por todo el lugar. Nos fuimos de ahí cerca de las seis de la mañana con Agustina y Krisstinn, nos colgamos en avisar a las otras chicas. Compramos unas birras en el chino y tomamos un taxi de vuelta al depto. Bebimos la cerveza, bailamos un rato, nos dimos con la segunda ronda de maquillaje y salimos al otro lugar. En el baño esperamos los bultos hasta que llegaron, subimos arriba y charlamos con las otras chicas y chicos del lugar. Un pibe se acercó hacia Kris y yo, nos preguntó por la bolsa y me dío el billete para que se la consiga, así que por eso me ligué unas cuantas recompensas. Contenta me encontraba con una borrachera coqueteando con los chicos, pedirles un cigarro, un trago, deseándolos. Vimos a las lesbianas sentadas abajo, las saludamos desde lo lejos haciendoles señas para que suban pero querían que nosotras bajemos. Cuando lo hicimos, las encontramos decepcionadas y enojadas proque no les avisamos cuando nos fuimos del boliche. Nombraron de nuevo a aquellos códigos, les pedí perdón una sola vez porque no me había dado cuenta, pero no tenían bronca conmigo, solo con Krisstinn. Les regalé un anillo y ellas me dieron un pequeño collar con piedras que me gustó. Juntamos plata para las rayas y el que más invirtió fué uno de los pibes que sobrevivió en nuestra larga noche desde que llegué a lo de Kris. En un momento una de las lesbianas con la bolsa me pidió que la acompañe al baño, entramos en donde se encuentra el inodoro y me preguntó si no me molestaba que se pusiera a defecar al lado mío, le dije que no y me convidó un par de saques. Me pusé nostálgica recordando las viejas épocas en aquel lugar y otros también al mismo tiempo que olía el hedor de la situación, pere ese fué el momento en el cual me sentí mejor, derramé una lágrima para luego sonreir. La pareja de chicas desapareció en algún instante de la mañana sin que nos enterásemos.
El sol se encontraba en la plenitud cuando salimos, Agustina más furiosa que yo y el tráfico no colaboró. Pisando por tercera vez en lo de mi amiga, esperamos al pibe sobreviviente que había ido por más cervezas, decir que también le habían sobrado migas de la bolsa. Krisstinn y yo nos encontrábamos muy calientes, el pibe llamaba a Agustina para que se sume, repetía que había que aprovechar que estábamos solos. Le pregunté si quería jugar conmigo y como aceptó le ordené que se baje los pantalones y que se saque la remera, quedando en zapatillas y en boxer, el cual se intentó quitar pero lo detuve a tiempo y le dije que se diera vuelta dando a mi vista su culo y fué ese el momento en el que le quité los boxers. Rápidamente se dió vuelta y mi vista se encontró con una pequeña pija encapuchada y casi escondida en una especie de arbusto oscuro. Nos dimos unos besos un rato largo y me saqué el pantalón, me halagó las piernas y le mostré mi cola colocándome en cuatro en el sillón. Le hice la paja un rato pero jamás se le paró, aún en el momento en que se la chupé junto con Krisstinn. De todos modos me divertí ,mientras ella se la seguía mamando, con la lengua del pibe en lo profundo de mi cola. Agustina no participó en ningún momento, se quedó frente a la computadora todas las horas que pasaron tomando cerveza y buscando una línea urgente. Por suerte la encontró y cuando se acabó el pibe se fué, no quedaron ni cigarros, me entretuve mirando a un vecino rubio del departamento de enfrente, miró como dos veces y no miré más. El silencio y el sueño nos fueron ganando, pero no quise dormir, no podía, así que decidí ir a tomarme un taxi. Me puse los lentes, la campera, las zapatillas y bajé sola. Me costaba mucho caminar, me sentí un robot, el viento pegaba fuerte y casi que me pudo llevar. Me encontré en el Congreso mirando si venía un taxi pero ví primero el colectivo que me dejaba en la esquina de mi casa, así que me subí sin pensarlo.
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