lunes, agosto 22, 2011

Mareada



Me encontraba charlando con una amiga en la barra de un boliche en Flores cuando contábamos con diecisiete años de edad. Se acerca hacia nosotras un hombre que rondaba los treinta para preguntarnos si queríamos tomar algo. Después de haber aceptado algunos tragos, de a poco me fuí alejando de mi amiga y hasta de mí consciencia, más tarde aparecí en un rincón oscuro donde comencé a besarme con el tipo de los tragos, luego me senté, miré al suelo y vomité. En ese mismo instante aparece un patovica que nos dice señalándonos la salida con el dedo que teníamos que abandonar el lugar. Me paré y cuando salí ya había amanecido y el tipo de los tragos me hablaba de mil cosas mientras caminábamos camino a mi casa. Llegamos, nos sentamos en la vereda y seguimos besándonos, puse mi mano sobre su bulto duro, le abrí la bragueta despacio, desenfundé su espada a la luz y me la empezé a tragar. Cuando levanté la cabeza, ví unas manchas naranjas que venían hacia nosotros, eran dos policías que apenas podía ver claramente, se acercaron y nos preguntaron que estábamos haciendo, el tipo les respondió que no estábamos más que besándonos y para nuestra suerte la yuta solo advirtió y se fueron enseguida… En ese instante abrí la puerta de mi casa y le dije al tipo de los tragos que no hiciera ruido porque había gente a no lejos pasos, me empujó contra la pared del zaguán y me besó con fuerza. Nos frotamos un rato y me agaché lentamente pasando mi lengua por sus tetillas y besando suavemente su vientre, luego le desaté el cinturón y le bajé los pantalones, acaricié su ropa interior y mordisqueé el contorno de su intrumento duro, le chupé los muslos y finalmente me devoré ebria de pasión la tan ansiada pija. Cuando me quedé sin saliva, le pedí de rodillas que me diera la leche, pero se negó porque primero quería su pija en mi culo, inmediatamente saqué un forro de mi cartera y un lubricante, el tipo de los tragos se ponía el preservativo mientras yo me lubricaba el ano. Se sentó en el suelo, me senté arriba de él y me empezó a coger la cola. Antes de acabar se sacó el forro y comenzó a chorrearle la leche que bebí hasta la última gota. Se abrochó la camisa, se subió el pantalón, se ató el cinturón, le abrí la puerta y se fué.