
Lo conocí cuando contaba con diecisiete años de edad, el tenía veinte. La noche que lo ví se habían quedado a dormir en mi casa dos amigas mías de esa época, le mentí a mi abuela que tenía que asistir a una cena a la que solamente yo estaba invitada, por lo tanto, mis amigas tenían que quedarse en mi casa hasta mi regreso. Cerca de las ocho de la noche me fuí hasta Rivadavia y me tomé el colectivo que me dejó a metros de una panchería en Liniers donde se concretaría el encuentro. Para mi suerte el lugar estaba desierto y de lejos pude ver que me estaba esperando y me llamaba desde su celular porque llegué algo tarde. Lo que más me gustó de él fueron sus ojos verdosos, vestía un jean y una campera roja. Caminamos por el barrio y charlamos. Llegando a la cancha de Vélez nos acercamos a un bar con vidrios polarizados donde desde afuera no se puede ver nada de su interior, el lugar solo estaba iluminado por velas y algunas luces tenues de colores rojos y azules. Nos sentamos en una mesita junto a un espejo donde charlamos, tomamos unas cervezas y al rato ya me encontraba un poco mareada. Salimos del lugar, caminamos hasta un hotel pero como no había lugar tuvimos que dar unas cuantas vueltas hasta encontrar otro. Entramos y se encontraban dos parejas esperando, sentí verguenza, él lo notó y me lo preguntó, se rió. Una vez en la habitación nos desnudamos rápidamente, le dije que quería casi una absoluta oscuridad, las luces se apagaron y puse mi mano sobre su pija, la masajeé un rato y luego le hice una paja. No quería besos en la boca, me habló de su novia, no quería dormir conmigo tampoco. Después de chupársela lo que más disfrute fueron sus gemidos y verle el placer en su cara, me puse en cuatro sobre la cama y me cogió casi en seco, estaba tensa y sacó la pija llena de mierda luego de acabar. No dijo nada y se fué al baño. Volvimos a la calle y se tomó el colectivo conmigo unas cuadras, me agarró disimuladamente la cintura y me apoyó su verga tiesa hasta que se bajó. Pasaron los días y la esperanza de volver a verlo quedó en el olvido, pero luego de casi tres años, sin esperarlo yo, reapareció. Arreglamos de vernos y volví a los suburbios de Liniers. Nos encontramos en una esquina y de ahí caminamos poco hasta su casa, recién se estaba mudando, no había mucho, solo un colchón, un armario con un espejo gigante y fotos pegadas en la pared de los Beatles y The Doors. Fumamos un porro y charlamos un rato largo, ya no tenía mas novia, me contó además que me habiá escrito un poema y que fué publicado en una revista local. Antes del encuentro le pregunté si esta vez daba besos y me dijo que sí, que había pasado el tiempo y que cambió, pero en el momento de comprobarlo supe que no era del todo verdad. Besos nos dimos pero sin lengua de parte de él.
Nos sacamos la ropa y enseguida me puso en cuatro para metérmela lo que me pareció muy aburrido, ya que físicamente me parecía que tenía que adorarlo, su pija me resultó muy bella y quería al menos tocarla, sentirla un rato. Así que le dije que no me gustaba lo rápido y comencé a chuparle la pija y los huevos, me encantaban, me la pasé por toda la cara, la olí, lamí y aspiré hasta el cansancio.Ya estaba preparada para ser penetrada pero había una tensión en mí que no me dejaba estar relajada, tenía que ir al baño sí o sí, y así lo hice, le dije que me espere. Hice fuerza para que salga pero estaba difícil, por eso decidí dejarlo y cuando me voy a lavar me entero de que no había agua, que si me quería lavar las manos había un balde lleno. No me quedó otra opción que hacerlo y cuando volví le dije que no podía coger y me pidó por favor que no lo deje así, aunque de todas formas no era esa mi idea. Le chupé la pija hasta el final y me tragué hasta las últimas gotitas que salían al apretarle yo su glande. Me dijo que era una pendeja terrible, que la había pasado muy bien y le dije que lo quería volver a ver, en su cara noté una inseguridad. Salimos a la puerta y él se iba para un lado y yo para otro, no me esperaba un abrazo de su parte, me sorprendió. Caminé bastantes cuadras cerca de la medianoche y me tomé el colectivo a casa, nunca más lo volví a ver.
Poesía de él para mí:
"Ella era un híbrido.
Transitábamos a escondidas entre la muchedumbre, como un carnaval eufórico, entre deslumbres de mil estrellas.
La noche, con su impávido manto nos cobijaba en su sosiego, nos mantenía a resguardo del mundo.
El cuerpo, banal, finita vasija de arcilla en la que resguardas tu alma de fastuosa soberana, de auténtica mujer.
Quizás la carne que viste tu esencia busques desgarrar en tus perpetuas riñas con Dios, estremeciendo el lodo en busca de paz, de liberación.
En tu ambición de corresponderme, despojada de enmarañados prejuicios de bastardas sociedades, también laceras tu alma y la mía.
Respira libre apenada niña, cierra tus ojos y reclínate en mi pecho nuevamente, yo extinguiré esas lágrimas de tu rostro con el más dulce beso y las más cálidas palabras, pero ya no implores en vano, ya no lamentes tu suerte, pues el tiempo es efímero y la vida, arena entre los dedos."