domingo, marzo 18, 2012

Baños


Mi amiga Estefi me invitó esa noche al boliche, le dije que sí. Llegamos, saludamos a un amigo que nos esperaba para entrar con nosotras, como siempre con Estefi llegamos tarde a todos lados. Una vez dentro nos dirigimos hacia el baño para tomar nuestra dosis. Apareció al poco tiempo un conocido de Estefi que se encontraba con un amigo, nos invitaron un champagne. Estefi me llevo al baño de discapacitados con un amigo para tomarnos una raya, mientras yo me la tomaba, mi amiga se dedicaba a succionarle la pija a su conocido, de a ratos él me metía alguna que otra mano en la cola. Luego de salir de ahí, seguí bebiendo del champagne y bailé cerca del amigo del conocido de Estefi, hasta que finalmente cayó en mis garras y me abrazó. -Acompañame al baño -le dije. Me encontraba muy caliente, los baños estaban ocupados, tuvimos que esperar hasta que salió alguien y nos metimos. Nos transamos y me agaché como pude para desabrocharle el pantalón y sacar su verga, estaba erecta, me la comí hasta que se escucharon unos gritos de que ya cerraba el lugar y tuvimos que salir con la pija parada. Ya había sol y no estaba en mis planes mostrarme en la luz con el que me comí. Ví como me miró, nos sentamos en un bar cerca a tomar unas birras. Estefi me comentó que podía ir al baño con total tranquilidad, así que le dije al amigo que me acompañe y me siguió. Entramos al baño de hombres y cuando me agaché me preguntó qué era, le sonreí y mi mano fué a su bulto, me la quitó y me agarró suavemente del cuello y con un dedo me presionó sobre donde estaría la nuez de Adán. Me giré y le mostré la cola, abrió la puerta del baño y pasé primero, me senté de nuevo con los chicos y el conocido de Estefi y su amigo se levantaron al instante para irse, solo el conocido me saludó. Le conté lo sucedido a los que quedaron y nos reímos.

martes, febrero 21, 2012

En la zona


Toqué el timbre, me atendió Kristin y subimos. Saludé a Agustina Love que se probaba la ropa para la noche y luego llegaron Justine y Fiona. Me acerqué a la habitación de al lado para saludar a Fer después de años de no verla, ahora tenía tetas. Le pidió una línea al novio y me tomé con gusto su regalo de bienvenida. Me maquillé lo que faltaba, Agustina se retractó y decidió quedarse, así que me fuí con Kristin y Fer en el taxi que ya nos estaba esperando. Paramos por una birra y unas pestañas para Fer que se encontraba histérica por habérselas olvidado. Llegamos a los bosques, no había pisado nunca hasta esa noche la nueva zona posterior a la del rosedal. Me estaba meando por la birra, así que lo primero que hice fué ir a un árbol y orinar con Kristin que me acompañó. Me saqué el short y me quedé en tanga, me paré delante de Kristin que ya había pelado su verga, y Fer sus tetas. No pasaron más de quince minutos cuando paró el primer auto, se trataba de un regordete cuarentón que quería un beso negro, le puse el precio y me subí, le dije que me llamaba Zina. Paramos en lo oscuro de los árboles a pocos metros de mi parada, le desabroché el pantalón y le comí la verga dormida que nunca se despertó, a los pocos segundos me preguntó si ya se podía dar vuelta, le dije que sí y una vez su culo rechoncho en mi cara se lo devoré como la más dulce de todas. Bajó del auto y acabó en el pasto, me dejó en mí lugar. Fer ya se había ido con uno, La Kristin siguió parada hasta que pasó un viejo caminando y me preguntó el arancel por chuparme la pija, se lo dije pero siguió de largo apenas vió la verga de Kristin, veía como cabeceaba el viejo en un árbol no muy lejano. Pasaron muchos autos, hombres con toda clase de miradas, también familias numerosas y parejas. Mi segundo cliente fué un viejo de unos cincuenta años que quería chupármela. Paramos cerca de un lago, le agradecí por ello. Como nunca conseguí una erección, cambiamos los roles y la terminé tragando yo. Me dijo que le gustó mucho y me dejó. Pasó cerca de una hora, La Kristin seguía pero Fer todavía no había aparecido. Me fumé un pucho y charle un rato con las chicas que iban apareciendo hasta que una de ellas vió llegar a Fer que se bajó llorando de un auto con polarizados, decía haber sido violada aunque le habían dejado una buena paga. Volvimos a las habitaciones y Fer quería despejarse, salir a bailar. Llegamos a Angels, tomamos un whisky y algunos tragos más, nos fuimos a la pista y bailamos un rato. Un tipo me hacía señas, pero yo me hice la que no lo veía hasta que me agarró en la barra, me preguntó si era activa o pasiva, le conté y me dijo que me esperaba luego en el túnel, que me iba a enamorar de su verga enorme. Pedimos las cuatro consumiciones que nos quedaban, nos guardamos las cervezas en la cartera y abandonamos el lugar rápidamente para tomarnos un taxi y volver de nuevo a la zona. Llegamos, hacía mas frío. Esta vez esperé casi media hora hasta que apareció un taxi conducido por un joven alto y flaco muy serio, aunque se notaba su calentura bestial. Dudé desde un primer momento, más cuando me dijo que subiera al coche no habiéndome preguntado nada de los precios. Paramos por ahí, me dijo que era hermosa y lo repetía a cada rato, me dijo que quería sentarse arriba mío, lo senté, y comencé a acariciarlo. Le desabroché el cinturón, ya se le notaba la verga dura en el jean, pero antes de seguir le pregunté si tenía plata, me dijo que veinte pesos. Le dije que todo bien y saqué su pija afuera, se puso rápidamente un preservativo y se la chupé solo unos segundos y muy lentamente. Quería que me ponga en varias poses, pero me molestó, le dije que me estaba haciendo perder el tiempo, que estaba siendo demasiado pedigüeño para no pagar lo que debería. Al rato después de todo lo que le dije me pidió disculpas. Me dijo que por favor le pasase mi número, le dije que no tenía celular, que lo llamaba yo. También me decía que quería ser mi novio, que podríamos tener una linda relación, me pidió un abrazo y yo solo pensaba que quería eso para poder coger gratis y así no tener que gastar el poco sueldo en sus deseos más escabrosos. Antes de bajarme pusé de forma violenta mi mano para que me deje la plata. Bajé del auto pero no ví ni a Kristin ni a Fer, una de las chicas me preguntó si el taxista me había pagado y si era pasivo, le respondí que sí y me dijo que lo sabía. Parada otra vez, ví al joven taxista pasar por última vez y mirarme. A los pocos minutos paró un auto que llevaba a las chicas, me subí y volvimos a la habitación de Fer. Tomamos algo y fumamos unos porros, su novio dormía, Kristin con sueño y Fer también, yo era la única manija. Me acosté, traté de dormirme pero como no pude me fuí. Desperté a Kristin y bajé con una de las chicas del piso que también se iba. Me puse los lentes y caminé por el sol de Balvanera hasta la parada del bondi.

viernes, enero 27, 2012

viernes, noviembre 25, 2011

El Marplatense



La noche llegó y con Justine nos encontrábamos maquillándonos en la casa de Karina, salimos a la puerta a esperar el remis mientras oíamos el rugido del mar. Por las penumbras arrancó el auto, llegamos al centro de la ciudad y antes de bajar le dijimos al remisero que nos pase a buscar a las cinco. Bajamos las escaleras del sótano, nos pedimos un trago y disfrutamos del show que se hacía. Un hombre de algún pueblo se acercó para hablarme, le respondí a todo hasta que me cansé y me alejé. Me dí unas vueltas con Justine por el pequeño túnel del lugar donde me vino el recuerdo de la pija que ahí me comí con Iván años atrás. Luego de charlar con una chica que nos contó de su profesión, intercambiamos nuestros teléfonos y nos perdimos. Encontramos a alguien que nos consiguió una bolsa y justo antes de irnos apareció otro pibe que le preguntó en inglés a Justine de dónde era, la cual le respondió riéndose y el chico la invita a la casa. Eran cerca de las cinco cuando salimos con el pibe, nos contó que era surfer y no paró de hablar de su moto hasta que llegamos al departamento. Había máscaras por todos lados colgadas en la pared, velas y objetos de diversas culturas. El surfista se sacó la remera quedando demasiado apetecible a nuestros ojos y en la cocina nos preparó unas rayas bien largas. Luego de tomarlas, en la charla nos enteramos que el surfista creía que Justine era una mujer como él pensaba, pero no. Dijo que quería una vagina y nos pidió perdón. Calientes bajamos por el ascensor y cuando vimos la hora ya eran las cinco así que casi que corrimos hasta la puerta del sótano y allí se encontraba el remisero que nos esperó con una bolsa pero de caramelos. Llegamos a nuestra guarida y nos tomamos lo que quedó.

jueves, octubre 27, 2011

Corta




Tendría quince años, tal vez dieciséis. Salí de mi casa con un saco de mi reciente fallecido tío, me dirigía a la casa de un hombre de unos treinta y cinco años que era un exnovio de un chico que conocí con Alan en el Abasto una vez años atrás de pequeñas. Me acomodé la boina y tomé el bondi hacia el microcentro, caminaba por la Avenida Córdoba en una tarde de aire fresco y sol. Sentí el desprendimiento de uno de los botones del saco pero no me detuve a buscarlo y seguí caminando hasta que llegué a la dirección. Me lo encontré antes de llegar a su puerta y mi impresión no fué para nada buena, me resultó feo y me desilucioné. Llevaba en sus manos algún objeto de computación que encontró en la calle.
Hablamos un rato en la pequeña cocina y después nos fuimos para el cuarto. Nos besamos estando yo arriba de él. En el jean se marcó el bulto de su pija parada, desabroché los botones y bajé el cierre. Su verga hinchada se introdujo en mi boca, olía a orina. No quise saber más nada, por eso solté su miembro con furia, me abroché lo desabrochado y quise irme. Me preguntó si había pasado algo y le dije que no, así que me tomé el ascensor y me fuí del edificio. Pensé luego en lo que él me había dicho una vez acerca de que si nos encontrábamos un día, de seguro que nunca más volveríamos a hablarnos.

miércoles, octubre 12, 2011

Códigos




Decidí aquella noche fría volver a ver a las chicas, hacía años que no salíamos, y menos juntas a aquellos lares. Me puse la campera, agarré la mochila y guardé en ella los tacos rosas. Caminé unas cuadras, me encontré con una conocida, llegó su colectivo y luego el mío. Puse las monedas y escuché cumbia en todo el viaje. Me bajé para tomarme un taxi hasta la casa de Krisstinn, no tenía timbre, oía sus voces que salían desde alguna de las ventanas, pero no me dí cuenta cual era. Una vez que entré saludé a Agustina Love, a dos chicos, a la Gaby y a unas lesbianas que eran pareja que solo a una conocía. El problema se presentó cuando Agustina me dijo que al final no había conseguido el cocó y para colmo yo había llevado dos bolsas nomás, encima de darle una a Kris. La pareja de chicas también se mostraron sedientas, y me llamaron a acercarme a la ventana donde se encontraban parloteando, me hablaron acerca de unos códigos, me dijeron que no le ofrezca nada a los otros dos pibes porque eran novatos y que por eso eran carentes de códigos, que no sabían nada. Igualmente de mi parte no les iba a ofrecer nada, no cruzamos más de diez palabras en esa reunión. Más tarde anduvimos en el auto de la Gaby rumbo al boliche, muchas copas y pocas rayas. Me dí una vuelta por el túnel y me senté en uno de los sillones, se acercó un pibe muy alto narigón, solo le toqué el bultó duro. Me dí otra vuelta y me topé con dos chicos que no traspasaban los veinte añosm así que me senté y me impusieron, en cada lado de mi hombro, cada uno su pija morocha. El que más me gustaba se encontraba a mi derecha pero se la chupé primero al de la izquierda que era un tímido. Desgraciadamente un patova que vigilaba desde ese mismo sillón los echó de mi lado y antes de meterme en la boca la pija del que más me gustaba cerró ante mis ansias más profundas la bragueta delante de mi cara. Pero a pesar de todo me alegré porque llegué a tocársela y eso fué algo para mí. Salí del obscuro y busqué a las chicas, tardé en encontrarlas por todo el lugar. Nos fuimos de ahí cerca de las seis de la mañana con Agustina y Krisstinn, nos colgamos en avisar a las otras chicas. Compramos unas birras en el chino y tomamos un taxi de vuelta al depto. Bebimos la cerveza, bailamos un rato, nos dimos con la segunda ronda de maquillaje y salimos al otro lugar. En el baño esperamos los bultos hasta que llegaron, subimos arriba y charlamos con las otras chicas y chicos del lugar. Un pibe se acercó hacia Kris y yo, nos preguntó por la bolsa y me dío el billete para que se la consiga, así que por eso me ligué unas cuantas recompensas. Contenta me encontraba con una borrachera coqueteando con los chicos, pedirles un cigarro, un trago, deseándolos. Vimos a las lesbianas sentadas abajo, las saludamos desde lo lejos haciendoles señas para que suban pero querían que nosotras bajemos. Cuando lo hicimos, las encontramos decepcionadas y enojadas proque no les avisamos cuando nos fuimos del boliche. Nombraron de nuevo a aquellos códigos, les pedí perdón una sola vez porque no me había dado cuenta, pero no tenían bronca conmigo, solo con Krisstinn. Les regalé un anillo y ellas me dieron un pequeño collar con piedras que me gustó. Juntamos plata para las rayas y el que más invirtió fué uno de los pibes que sobrevivió en nuestra larga noche desde que llegué a lo de Kris. En un momento una de las lesbianas con la bolsa me pidió que la acompañe al baño, entramos en donde se encuentra el inodoro y me preguntó si no me molestaba que se pusiera a defecar al lado mío, le dije que no y me convidó un par de saques. Me pusé nostálgica recordando las viejas épocas en aquel lugar y otros también al mismo tiempo que olía el hedor de la situación, pere ese fué el momento en el cual me sentí mejor, derramé una lágrima para luego sonreir. La pareja de chicas desapareció en algún instante de la mañana sin que nos enterásemos.
El sol se encontraba en la plenitud cuando salimos, Agustina más furiosa que yo y el tráfico no colaboró. Pisando por tercera vez en lo de mi amiga, esperamos al pibe sobreviviente que había ido por más cervezas, decir que también le habían sobrado migas de la bolsa. Krisstinn y yo nos encontrábamos muy calientes, el pibe llamaba a Agustina para que se sume, repetía que había que aprovechar que estábamos solos. Le pregunté si quería jugar conmigo y como aceptó le ordené que se baje los pantalones y que se saque la remera, quedando en zapatillas y en boxer, el cual se intentó quitar pero lo detuve a tiempo y le dije que se diera vuelta dando a mi vista su culo y fué ese el momento en el que le quité los boxers. Rápidamente se dió vuelta y mi vista se encontró con una pequeña pija encapuchada y casi escondida en una especie de arbusto oscuro. Nos dimos unos besos un rato largo y me saqué el pantalón, me halagó las piernas y le mostré mi cola colocándome en cuatro en el sillón. Le hice la paja un rato pero jamás se le paró, aún en el momento en que se la chupé junto con Krisstinn. De todos modos me divertí ,mientras ella se la seguía mamando, con la lengua del pibe en lo profundo de mi cola. Agustina no participó en ningún momento, se quedó frente a la computadora todas las horas que pasaron tomando cerveza y buscando una línea urgente. Por suerte la encontró y cuando se acabó el pibe se fué, no quedaron ni cigarros, me entretuve mirando a un vecino rubio del departamento de enfrente, miró como dos veces y no miré más. El silencio y el sueño nos fueron ganando, pero no quise dormir, no podía, así que decidí ir a tomarme un taxi. Me puse los lentes, la campera, las zapatillas y bajé sola. Me costaba mucho caminar, me sentí un robot, el viento pegaba fuerte y casi que me pudo llevar. Me encontré en el Congreso mirando si venía un taxi pero ví primero el colectivo que me dejaba en la esquina de mi casa, así que me subí sin pensarlo.

miércoles, agosto 24, 2011

La Cueva



Una noche de años atrás en la Avenida de Mayo me encontraba caminando con Fafli y Micaela, salíamos del bar con un bolskaya rumbo a Congreso. Nos abrieron la puerta del lugar y subimos unas escaleras, me hacía llamar Nazarena en esa época con solo dieciséis años. Me encontré con personas con las cuales no me llevaba bien vaya a saber por cuales tonteras, a uno le pegué una patada en la pista de baile y al otro le grité e intenté tirarle una botella mientras bajaba las escaleras. Me rogaron que me calme y así lo hice, la fiesta siguió y la idea de chupar una pija me surgió. Ví como los putos entraban y salían del baño, me acerqué a la puerta y espié por el agujero que tenía y pude ver una mano agarrando una pija. Más gente llegó a mi alrededor y me alejé, me junté con Fafli y aparecieron dos hombres que nos miraban, uno se apartó pero el otro se arrimó. El morocho robusto después de besarme contra la pared desenfundó su pija a la cual me agaché para comérsela, pero una patada leve de las plataformas de Micaela hacia mi cara interrumpió la mamada porque le daba impresión ver a una amiga chupando una verga en un lugar tan expuesto y con alguien que no conocía. La ví a Fafli cuando me paré y por borrachas nos agarramos del cuello, nos tuvieron que separar, pero luego nos abrazamos y reímos. Luego Fafli terminó el trabajo que yo había emprendido. Reunidas las cuatro otra vez bailamos pero al rato nuevamente me alejé y coqueteé con el otro hombre que se había ido, él si me pareció atractivo, aunque no muy alto, pero sí de mis ojos preferidos los verdes. Nos besamos y aprovechamos el baño vacío para entrar, desabroché su cinturón con mucha rapidez y saqué su verga flácida, la chupé un rato pero no se paraba. Ya se acercaba gente y golpeaba la puerta por eso tuvimos que salir y me quedé con ganas. La fiesta terminaba y el de ojos verdes se encandiló con Micaela, bajamos las escaleras y nos dispersamos cada uno para su lado.

lunes, agosto 22, 2011

Mareada



Me encontraba charlando con una amiga en la barra de un boliche en Flores cuando contábamos con diecisiete años de edad. Se acerca hacia nosotras un hombre que rondaba los treinta para preguntarnos si queríamos tomar algo. Después de haber aceptado algunos tragos, de a poco me fuí alejando de mi amiga y hasta de mí consciencia, más tarde aparecí en un rincón oscuro donde comencé a besarme con el tipo de los tragos, luego me senté, miré al suelo y vomité. En ese mismo instante aparece un patovica que nos dice señalándonos la salida con el dedo que teníamos que abandonar el lugar. Me paré y cuando salí ya había amanecido y el tipo de los tragos me hablaba de mil cosas mientras caminábamos camino a mi casa. Llegamos, nos sentamos en la vereda y seguimos besándonos, puse mi mano sobre su bulto duro, le abrí la bragueta despacio, desenfundé su espada a la luz y me la empezé a tragar. Cuando levanté la cabeza, ví unas manchas naranjas que venían hacia nosotros, eran dos policías que apenas podía ver claramente, se acercaron y nos preguntaron que estábamos haciendo, el tipo les respondió que no estábamos más que besándonos y para nuestra suerte la yuta solo advirtió y se fueron enseguida… En ese instante abrí la puerta de mi casa y le dije al tipo de los tragos que no hiciera ruido porque había gente a no lejos pasos, me empujó contra la pared del zaguán y me besó con fuerza. Nos frotamos un rato y me agaché lentamente pasando mi lengua por sus tetillas y besando suavemente su vientre, luego le desaté el cinturón y le bajé los pantalones, acaricié su ropa interior y mordisqueé el contorno de su intrumento duro, le chupé los muslos y finalmente me devoré ebria de pasión la tan ansiada pija. Cuando me quedé sin saliva, le pedí de rodillas que me diera la leche, pero se negó porque primero quería su pija en mi culo, inmediatamente saqué un forro de mi cartera y un lubricante, el tipo de los tragos se ponía el preservativo mientras yo me lubricaba el ano. Se sentó en el suelo, me senté arriba de él y me empezó a coger la cola. Antes de acabar se sacó el forro y comenzó a chorrearle la leche que bebí hasta la última gota. Se abrochó la camisa, se subió el pantalón, se ató el cinturón, le abrí la puerta y se fué.

jueves, julio 21, 2011

El Caballero Oscuro



Era de noche ya no muy tarde con frío, solo pensaba en lo que me dijo hacía minutos, antes de salir de mi casa rumbo a verle. Me dijo que si me besaba la mano todo estaría perdido, rendido a mis pies. Llegué hasta Rivadavia y caminé sin parar fijándome en los números para ver dónde era, ya que por esas calles pasé mucho. Encontré y doblé, lo ví acercándose hacia mí mientras yo cruzaba la avenida yendo hacia él. Vestía un sobretodo negro, le dí un beso en el cachete y algo me contó mientras entrábamos a su casa, vivía con un amigo que todavía no había llegado. Nos sentamos en lo que sería el living, me prendí un cigarro y él se fué a la cocina saliendo por un patio para traer fernet. Tomamos, charlamos, le hablé del número once y cuando se fué de nuevo, me fijé en la hora y ahí estaba el número. Pensé en el amor, en mi enamoramiento con él, besándome lentamente en su cama. Me mostró un libro medieval que tenía la particularidad de faltarle algunas páginas, que era casi imposible la tarea de encontrar el libro completo. Pensé en mi amiga Sonya de Madrid, comentárselo, seguro le interesaría.
Más tarde con la bebida encima me fuí al baño, dejé la bufanda en el sillón y cuando volví, me crucé con el amigo pero no dije nada y volví al living, lo ví oliendo mi bufanda, me reí. Me sentí acariciada al verlo. También me mostró unas fotos de una película que filmó, me encantaban, era director de cine, jamás pudo superar la muerte de su padre me contó. Quería besarlo, observaba sus manos grandes, las imaginaba acariciando mi cuerpo mientras él me hablaba. En un momento me agarró la mano derecha y se la llevó a sus labios para besarla, pero por incosciencia la retiré. Decidí irme aunque la estaba pasando bien, en la calle antes de llegar a Rivadavia me acompañó, mi beso de despedida lo dirigí hacia su boca pero lo esquivó.

martes, julio 12, 2011

Matemáticas & ciencias naturales


Me encontraba con Nao una tarde en el ciber azul del centro, a los diecisiete años. Chateaba con un hombre que me llevaba no más de una década, y ese día me decidí de ir a conocerlo, ya que como sabía que yo iba a la escuela por ahí, él vivía en Congreso muy cerca. Eran poco más de las tres de la tarde cuando caminábamos con Nao por Bartolomé Mitre yendo a visitarlo. Tocamos el timbre y bajó, era alto, robusto y usaba lentes. Subimos por el ascensor y nos sentamos en el living, él enfrente de nosotras dos y surgió una charla no muy condimentada, así que a los pocos minutos nos fuimos a sentar al sillón y él se puso de pié y se acercó. Noté que no tenía puesta ropa interior, y comenzó a desabrocharse el cinturón, se desabotonó el botón y se bajó el cierre. Le saqué la remera y me acerqué a su pija con Nao, Se encontraba semi erecta sin el glande descubierto, la acariciamos y luego rozamos nuestra nariz en ella para luego sentirla con los labios. Lentamente con mi mano tiré para atras el prepucio hasta dejar al descubierto su cabeza, le pasamos nuestras lenguas y le concedimos hasta la garganta. Mientras Nao le chupaba los huevos, yo le tragaba la pija, rotamos. Luego nos paramos y él se sentó en el sofá y se pajeó hasta sacar una leche espesa y abundante que quedó en su abdomen, Nao no se resistió y le dió un lengüetazo exclamando lo rica que era. Se fué al baño para limpiarse y se vistió. Bajamos por el ascensor y como había personas por el edificio, cuando nos estábamos yendo, para disimular nuestra compañía, nos deseó suerte para los exámenes de matemáticas y ciencias naturales.

lunes, julio 11, 2011

jueves, junio 30, 2011

Cristales, gotas & flores


Me hablo apenas entré al chat, me ofrecio cristales y masajes, acepté. Me tomé el tren de la línea San Martín hasta Derqui, era de noche no muy tarde. Me bajé y caminé por la calle de tierra y encontré una remisería que me llevó hasta la casa de Iván a pocas cuadras. Le mandé un mensaje al chico de los cristales para que me enviara la dirección y también darle la confirmación de que iba. El remis llegó y partimos, dimos muchas vueltas, nos perdimos y sin yo tener celular me ponía cada vez más nerviosa, pero llegué. Lo ví parado esperándome, era muy alto y flaco. Pasé por el jardín hasta entrar a la casa, me senté y me dijo que era muy linda. Sacó una pequeña balanza y midió una dosis, la tomé. Comencé a relajarme, se acercó a estirarme los brazos y darme masajes, la música cada vez me gustaba más y bailamos. Después llegando el amanecer, nos acostamos y nos besamos, nos sacamos la ropa y le chupé apenas la pija porque no se le paraba, se quedó dormido y yo también. Comimos mientras escuchaba the cure, llegó el remís, me regalo unas flores y me fuí hasta un año después…
Lo ví varias veces aquel año posterior al que lo conocí, siempre era ir en remis, tomar unas dosis, besarnos, chuparnos, bailar, dormir juntos y al llegar el sol mi huída siempre con sus flores para recordar nuestro amor que nunca fué. Otra noche más que yo pisaba su casa, me ofreció tomar una gota y la acepté, ese fué el día en que me dí cuenta de la razón por la cual yo llegué a esa casa y a él. Cuando volví reflexioné mucho acerca de todo lo que había visto y como quería ver más, pasaron las semanas y llegó otra oportunidad. Esa vez le quise mostrar a ella y la llevé. Nos pusimos los vestidos y fuimos con el remisero que nos llevaría de ahí en más siempre a la casa de los cristales, gotas y flores. Esa primera vez los tres juntos, se midieron solo cristales, no pudimos tomar la gota porque a la mañana nos teníamos que volver y no en remis si no en colectivo sumando que su novía llegaría temprano a la mañana también. Ella y yo sentadas en el jardín viendo como él se prendía una fogata en donde luego bailamos alrededor, nos besamos y nos chupó la cola mientras nos miraban unos vecinos por una ventana. Casi por la mañana se encontraba acostado en ropa interior en la cama, así que se la sacamos y le empezamos a lenguetear un rato la pija pero lo dejamos cuando vimos que no se paraba. Nos fuimos cuando fué la hora, nos tomamos el bondi y luego el tren ella a Morón y yo a Floresta. Pasaron los meses hasta que reapareció, casi siempre hacía eso, pasaban los meses y sin noticias de él. De golpe nos enterábamos y dejábamos todo para ir a su campo. Esa noche por fín tomamos la gota y fuimos arrastradas por la locura. Dió mucho que hablar, tardamos varios días en recomponernos, como también fué clave la noche en que sume a mi amigo de Galicia que justo me había venido a visitar. Pero un día dejé disfrutar porque ya no quería tres, quería dos, solo nosotros. Verdaderamente jamás lo conocí, enfermé de rabia. Siempre me molesto que nunca pudiera dejar a su novia, una vez me llevó a la casa, porque cuando se separaron ella se mudó enfrente de la segunda casa que conocí de él y a veces ella viajaba y le dejaba la llave y algo más. Volví a ir sola acercándose el último año de nuestros encuentros, tomamos muy pocas veces la gota y los cristales cada vez eran menos, pero siempre estuvo lleno el frasco de ghb. Llegaba, me preparaba la dosis y al rato cogíamos y nos dormíamos y repetíamos todo el día y toda la noche. Pero él se obsesionó con la idea de volver a ser tres y yo no quería, pero la buscó y me atravesó con un puñal, pero ella nunca se entregó a él, entonces lo último que me dijo fué que nos veíamos en la próxima vida y lo despedí llevándome como siempre alguna de sus flores en mi bolso.

viernes, junio 10, 2011

Pulula


A los pocos meses de haberme iniciado en mi sexualidad, conocí a Jason. Hablamos mucho por chat , él nunca había estado con alguien de su mismo sexo y quería probar, aunque mucho el tema no lo mencionaba en nuestras conversaciones. La noche en la que se presentó la oportunidad de conocerlo iba a tener lugar en una reunión organizada por Adrián, el docente de ojos azules que tenía preferencias por los de mi edad. Como era lejos y de noche, le rogué a mi papá que me llevara en el auto pero se negó, así que lloré durante media hora, me tiré al piso, grité y escupí hasta que logré que cambiara de opinión, me lavé la cara y salimos. Paramos cerca de Cabildo y Juramento, supuestamente estaría esperándome ahí para después llevarme a un ya conocido bowling. Me dijo que lo reconocería por un gorro y me centré en un chico de gorro blanco que pululaba por ahí hasta que ví sentarse a otro pibe de pelo largo también con un gorro pero negro, yo no sabía que Jason tenía pelo largo. Pasaron los minutos y como nunca bajé del auto, en algún momento se tuvo que ir y volví a casa preguntándome en el viaje que hubiese sido de su noche conmigo. Al día siguiente me dió la confirmación de que era él, el que se sentó y se fué corriendo porque vió a unos conocidos suyos. El tiempo pasó poco cuando Alan me presentó a su amigo Ezequiel de casi quince años o cerca, morocho de ojos verdes, afeminado. Arreglamos un encuentro los tres e invitamos a Jason para que se conozcan, total, él no me atraía más que Ezequiel, como todavía no distinguía entre los roles, si pasivo o activo, yo solo quería sexo. Al otro día, después de nuestra corta reunión pululando los subsuelos del Abasto, Jason me habló de su experiencia con otro hombre y me dijo que le había gustado mucho, que luego de irme con Alan de la reunión, Jason se quedó con Ezequiel y se fueron juntos a la casa de alguno de los dos. Pasaron los días y los meses, nuestras charlas se acortaron hasta desaparecer, él se cortó el pelo y yo seguí a la lujuria. Lo volví a ver en un par de noches en distintas fiestas y no fuimos más allá de un saludo.

sábado, marzo 19, 2011

Secreto En La Montaña


Llegamos después de horas al refugio con Rodrigo, en la mesa de allí nos sentamos e interactuamos con dos jóvenes cordobeses mateando y comiendo galletitas. Llegaron los hombres de las montañas y al rato otros pibes con los que fumamos y escuchamos las historias de Luis acerca de los mitos montañeses. Necesitaba sacarme la transpiración de la subida, así que me dí una ducha de agua fría en medio del frío Poco antes de la oscuridad, llegaron otros dos cordobeses, después, los muerciélagos pasaron, entramos al refugio. Solo una luz tenue blanca nos iluminaban. Cuando el sueño después de comer me agarró, subí arriba y ví que Luis me había preparado la bolsa de dormir justo al lado de uno de los cordobeses últimos que llegaron ese día. Fué el único por el que sentí atracción, era alto, flaco, tenía una barba de las que me gustan. Saludé a Rodrigo y me eché a dormir muy cansada. Me levanto exhaltada y transpirada por una pesadilla que tuve respecto a Buenos Aires y la ciudad, miro el celular y veo que solo eran las dos de la mañana, esperaba despertarme cerca de las ocho. Pero antes de dormir otra vez me entró el demonio en la cabeza, me acordé de quien se encontraba a mi lado, me guié por sus ronquidos, por momentos hablaba solo. Extendí mi mano lentamente y toqué su bolsa de dormir, necesitaba encontrar su bulto pero debido al grosor de la bolsa de dormir me fuí a buscar el cierre. Lo encontré y lentamente comencé a bajarlo, escuché una tos que me hizo detener por unos largos minutos, pero pensé con la pija y seguí. Bajé el cierre por completo y lo escuché hablar, pero parecía encontrarse en un sueño profundo. Sentí su pecho suave con pocos pelos, quise bajar ràpidamente a su verga pero me encontré con su cola, acaricié sus piernas velludas al mismo tiempo que con mi otra mano me hacía la paja. Finalmente encontré su pija, tenía un slip con el que tuve que meter mis dedos para poder tocarle algo por debajo, llegué un poco a sus huevos y fué ahí donde explotó mi adrenalina y acabé sin tocarme. Retiré mi mano de su miembro, traté de limpiarme un poco y no tuve la delicadeza ni de cerrarle el cierre. Volvió la luz cuando desperté, algunos muchachos ya se habían levantado, le conté a Rodrigo al oído apenas se despertó lo que hice y nos reímos.

martes, marzo 15, 2011

Una Vuelta


Con Justine me encontraba yo, histéricas, queríamos drogas y estábamos sin una moneda. Acudimos a la línea pero nada, en el chat tampoco, las tres de la mañana se hicieron y le propuse de ir a dar una vuelta. Caminamos por Rivadavia más de quince calles hasta llegar a Nazca, de ahí agarramos por San Pedrito hasta que nos paró un auto donde había dos pendejos veinteañeros que nos invitaron a subir. Justine se adelantó a la ventanilla de uno de ellos y les dijo que eramos transexuales, al que manejaba pareció no suscitarle inconveniente alguno, pero a su amigo sí, por lo que decidimos seguir nuestro camino. No caminamos ni diez pasos que dos pibes sentados en la puerta de una casa tomando una birra nos invitaron a estar con ellos, no dudamos ni un segundo cuando los vimos bien, nos parecían lindos. Luego de un buen rato de charlas y preguntarnos los nombres y todo lo demás, nos comentaron que unos chicos conocidos de ellos que vivían en el barrio les habían dejado un polvo extraño sintético a lo que parecía ser 2c-e o algo similar, pero solo quedaría como alternativa si con suerte conseguíamos cocaína, para eso tuvimos que volver por mis pagos. En el camino, uno de los chicos iba hablando con Justine mientras que a metros alejados estuve yo con el otro. Me preguntó mi segundo nombre y se lo dije, no podía creer que me llamaba Javiera y Lola como su sobrina que había nacido hacía solo dos meses, también me dijo que tenía un hermano gay, comentarios que me trajeron confusión respecto de él saber de mi condición. Llegamos al parque y nos esperaron sentados cuando fuimos a buscar coca pero fué muy tarde y no pudimos conseguir nada. Volví a mi casa para buscar un vino, un jugo y los puchos olvidados, los demás me esperaron en la esquina y se alegraron cuando me vieron con las botellas. En la oscuridad del parque, con las botellas casi vacías, aspiramos el polvo y nos esparcimos cada uno por su lado, Justine con su chico y yo con el mío, nos perdimos. El amanecer estaba cerca y el conjuro a punto de romperse, en la penunmbra rodeados por los árboles, me senté en un tronco donde comenzó a olerme el cuello y luego lo lamió hasta comerme la boca. -Quiero chuparte la pija, -le dije-. Desabroché su cinturón y le bajé los pantalones junto con su ropa interior, pero antes le mostré un poco mi cola y le pedí que me mostrara la suya, lo dí vuelta y se la acaricie un rato. Me levantó, me abrazó y me seguió besando, pero yo estaba tensa porque estaba al palo y no quería que se enterase, pero me pidió que me rejale, que estaba todo bien. -Lola, que linda que sos, -me dijo con tono placentero mientras se la chupaba-, y le dije que quería tragarme toda su leche, y así lo cumplí y no dejé que se me escapara ninguna gota. El día estaba cerca, nos alejamos de las penumbras y me reencontré con Justine, nos despedimos para siempre de los chicos y volvimos a casa. Cuando Justine me contaba que se había arrodillado en un hormiguero le salió del pelo una hormiga.

jueves, marzo 10, 2011

Mierda


Lo conocí cuando contaba con diecisiete años de edad, el tenía veinte. La noche que lo ví se habían quedado a dormir en mi casa dos amigas mías de esa época, le mentí a mi abuela que tenía que asistir a una cena a la que solamente yo estaba invitada, por lo tanto, mis amigas tenían que quedarse en mi casa hasta mi regreso. Cerca de las ocho de la noche me fuí hasta Rivadavia y me tomé el colectivo que me dejó a metros de una panchería en Liniers donde se concretaría el encuentro. Para mi suerte el lugar estaba desierto y de lejos pude ver que me estaba esperando y me llamaba desde su celular porque llegué algo tarde. Lo que más me gustó de él fueron sus ojos verdosos, vestía un jean y una campera roja. Caminamos por el barrio y charlamos. Llegando a la cancha de Vélez nos acercamos a un bar con vidrios polarizados donde desde afuera no se puede ver nada de su interior, el lugar solo estaba iluminado por velas y algunas luces tenues de colores rojos y azules. Nos sentamos en una mesita junto a un espejo donde charlamos, tomamos unas cervezas y al rato ya me encontraba un poco mareada. Salimos del lugar, caminamos hasta un hotel pero como no había lugar tuvimos que dar unas cuantas vueltas hasta encontrar otro. Entramos y se encontraban dos parejas esperando, sentí verguenza, él lo notó y me lo preguntó, se rió. Una vez en la habitación nos desnudamos rápidamente, le dije que quería casi una absoluta oscuridad, las luces se apagaron y puse mi mano sobre su pija, la masajeé un rato y luego le hice una paja. No quería besos en la boca, me habló de su novia, no quería dormir conmigo tampoco. Después de chupársela lo que más disfrute fueron sus gemidos y verle el placer en su cara, me puse en cuatro sobre la cama y me cogió casi en seco, estaba tensa y sacó la pija llena de mierda luego de acabar. No dijo nada y se fué al baño. Volvimos a la calle y se tomó el colectivo conmigo unas cuadras, me agarró disimuladamente la cintura y me apoyó su verga tiesa hasta que se bajó. Pasaron los días y la esperanza de volver a verlo quedó en el olvido, pero luego de casi tres años, sin esperarlo yo, reapareció. Arreglamos de vernos y volví a los suburbios de Liniers. Nos encontramos en una esquina y de ahí caminamos poco hasta su casa, recién se estaba mudando, no había mucho, solo un colchón, un armario con un espejo gigante y fotos pegadas en la pared de los Beatles y The Doors. Fumamos un porro y charlamos un rato largo, ya no tenía mas novia, me contó además que me habiá escrito un poema y que fué publicado en una revista local. Antes del encuentro le pregunté si esta vez daba besos y me dijo que sí, que había pasado el tiempo y que cambió, pero en el momento de comprobarlo supe que no era del todo verdad. Besos nos dimos pero sin lengua de parte de él.
Nos sacamos la ropa y enseguida me puso en cuatro para metérmela lo que me pareció muy aburrido, ya que físicamente me parecía que tenía que adorarlo, su pija me resultó muy bella y quería al menos tocarla, sentirla un rato. Así que le dije que no me gustaba lo rápido y comencé a chuparle la pija y los huevos, me encantaban, me la pasé por toda la cara, la olí, lamí y aspiré hasta el cansancio.Ya estaba preparada para ser penetrada pero había una tensión en mí que no me dejaba estar relajada, tenía que ir al baño sí o sí, y así lo hice, le dije que me espere. Hice fuerza para que salga pero estaba difícil, por eso decidí dejarlo y cuando me voy a lavar me entero de que no había agua, que si me quería lavar las manos había un balde lleno. No me quedó otra opción que hacerlo y cuando volví le dije que no podía coger y me pidó por favor que no lo deje así, aunque de todas formas no era esa mi idea. Le chupé la pija hasta el final y me tragué hasta las últimas gotitas que salían al apretarle yo su glande. Me dijo que era una pendeja terrible, que la había pasado muy bien y le dije que lo quería volver a ver, en su cara noté una inseguridad. Salimos a la puerta y él se iba para un lado y yo para otro, no me esperaba un abrazo de su parte, me sorprendió. Caminé bastantes cuadras cerca de la medianoche y me tomé el colectivo a casa, nunca más lo volví a ver.


Poesía de él para mí:

"Ella era un híbrido.
Transitábamos a escondidas entre la muchedumbre, como un carnaval eufórico, entre deslumbres de mil estrellas.
La noche, con su impávido manto nos cobijaba en su sosiego, nos mantenía a resguardo del mundo.
El cuerpo, banal, finita vasija de arcilla en la que resguardas tu alma de fastuosa soberana, de auténtica mujer.
Quizás la carne que viste tu esencia busques desgarrar en tus perpetuas riñas con Dios, estremeciendo el lodo en busca de paz, de liberación.
En tu ambición de corresponderme, despojada de enmarañados prejuicios de bastardas sociedades, también laceras tu alma y la mía.
Respira libre apenada niña, cierra tus ojos y reclínate en mi pecho nuevamente, yo extinguiré esas lágrimas de tu rostro con el más dulce beso y las más cálidas palabras, pero ya no implores en vano, ya no lamentes tu suerte, pues el tiempo es efímero y la vida, arena entre los dedos."

domingo, noviembre 14, 2010

Manchas


Mi compañera Nao lo conocía muy bien, me encontraba con ella en un cyber por Lavalle. Ella se quedó cuando yo me fuí sola al encuentro con él. Me encontré en alguna calle no muy lejos de ahí y caminamos yendo hasta Puerto Madero. Nos adentramos por los bosquecillos en penumbra e intentamos pasar a una zona, pero como vimos el contorno de un hombre fumando nos alejamos porque queríamos estar solos. Seguimos por un sendero que se encontraba entre medio de grandes edificios enrejados pero que mostraban su parte de atrás, estaba algo oscuro. Nos sentamos por ahí junto a un árbol y enseguida peló su verga, me arrodillé y me metí sus huevos bastante rellenos en mi boca para luego terminar devorándome toda su pija gorda. Se la chupé a la velocidad de la luz hasta que ví que venía para nuestro lado una pareja por el sendero, rápidamente se guardó la pija y disimulamos riéndonos hasta que desaparecieron en la oscuridad. Continué con la terapia oral y luego de un rato de refregámela por la cola, me bañó de leche. La mayoría cayó en mi cara y con mi dedo índice agarré de ella un poco y lo chupé para finalmente probarla. Volvimos a la luz y viajamos juntos en el cuatro, él se bajo en Parque Chacabuco, me contó alguna historia que otra, hablamos de gente que conocíamos. Yo seguí hasta Floresta y cuando me bajé me ví toda la ropa manchada.

jueves, octubre 14, 2010

Venganza


Ya nos atraímos, lo atrapé a mi red y él me atrapó a la suya. Me pinté por último los labios de ese rosa que me gusta mucho. Salí de mi casa mientras leía el mensaje de texto que decía que me esperaba en otra calle contigua, saludé a los fantamas como de costumbre y ahí ví de lejos su contorno. No parecía tener veinte años como me dijo, lo ví diez años más. Con pantalones de cuero ajustados, pálido y de de una notable cabellera, me saludó con una voz acertadamente varonil. Caminamos por el barrio y llegamos a la panchería para comprar una cerveza, después volvimos al parque y nos sentamos en el tronco de un árbol. Nos contamos historias, en un momento él me dió un beso y le mentí descaradamente diciéndole que yo no pensaba que él quería eso y me dijo que él tampoco. Claro que nuestras intenciones no se iban más alla de la lujuria, cada uno vivió el momento. Nos seguimos besando abajo de un árbol y sentí su pija dura. Quise comerla y por eso lo invité al zaguán donde nos devoramos para no vernos nunca más, pero antes mientras marchábamos abrazados y riéndonos, también nos besábamos y comenzó a seguirnos un pibe, que luego se sentó cerca nuestro y se quedó ahí mirándonos mientras seguimos el camino. En el zaguán nos recostamos en el piso helado, me quiso chupar la pija pero no lo dejé, aunque sí me tragué la suya y sentí su leche tibia en mi panza sin yo esperarlo. Nos vestimos y otra vez caminamos en la noche unas pocas cuadras, nos dolía la cabeza. Me hizo una última pregunta acerca de algo que anteriormente habíamos hablado antes del encuentro, según él que leía mi blog, sospechaba de que también había conocido al norteamericano Mark, al que le robé el disco de Soft Cell años atrás. Al rato volvimos hacia la puerta de mi casa donde se dió nuestra despedida, me llamo mujer y luego dijo que la había pasado muy bien y lo ví alejarse mientras yo cerraba con llave.

miércoles, septiembre 08, 2010

martes, septiembre 07, 2010

Príncipe Punk


Me había rapado la cabeza, solo me dejé el flequillo y salí una noche con Kristin. Esa noche él se pensó que yo estaba muy ligada al movimiento punk ortodoxo, pero en realidad yo siempre estuve muy ligada a mi misma, una sola palabra no podría definirme nunca. En algún momento de la noche, por medio de Kristin, se acercó hacia mí, me lisonjeaba como extasiado por mi presencia, síntoma de la obsesión. Casi al final de la noche nos arrastramos hacia el túnel, sacó su verga y se la chupé unos segundos hasta que me fugué repentinamente de la escena. Lo dejé solo. En la semana lo ví en un hotel y cogimos. No me gustaba, solo satisfice la carne, no aguanté su mente partida. Muchas veces me trajo marihuana y cocaína, se venía de Balvanera con su bicicleta a verme, pero solo por escasos minutos, a veces me robaba unos besos. Otra noche, él conoció a un fantasma de mi barrio, habló de que veía los auras, que el mío era de color gris y el fantasma me miró y me preguntó si estaba triste.
Cedí mi cruz cuando él conocío a Justine Vlada, de quién se enamoró perdidamente parecía demostrar, y se olvidó unos meses de mí, ya mi reflejo en sus ojos cristalinos no los atravesaba. Hubo numerosos encuentros, él recien traspasaba la barrera de los treinta años una noche que nos invitó a su casa, su papá dormía y el revoleaba unas navajas queriéndonos seducir con su destreza, su fuerza, su hombría. Siempre me contaba sus historias de peleas callejeras, de su conocimiento profundo en las artes marciales. También se encontraba un amigo de él en la casa, de una edad cercana a la nuestra, nos calentaba muchísimo, aunque su presentación para nosotras no fué la mejor, tirado en el piso dormido con los labios que tiñó de morado el vino ya derramado en el suelo. Cuando el príncipe se fué por una dosis de pasta base después del revuelo que se armó con el padre cuando lo despertó para pedirle diez pesos, aprovechamos con Justine para comernos a su amigo, ella fué la primera que lo agarró desesperada ya que el príncipe antes de irse abajo amenazó de muerte a su amigo mientras malabareaba con dos cuchillos. Luego lo besé yo, era demasiado flaco, me gustaba acariciar con mis manos la sobresaliente de sus huesos. Vimos su pija que nos pareció preciosa, venosa, Justine la devoró succionándola como una vampira láctea, mientras que yo parecía acariciarla con mi boca, concentré todo mi sentido táctil en ella. El príncipe llegó pero nunca se enteró de nada, se quedó en la habitación con Justine y yo me fuí a otra con el amigo. Le chupé la pija otra vez un rato más, pero enfocándome más en sus testículos. Luego entró Justine para usar la computadora, al mismo tiempo que el amigo del príncipe me penetraba de parada junto a la cama.
La última noche que lo vimos se debió a nuestra caída en la tentación por el vicio que nos arrastró hacia Constitución. Nos había convencido de que fuéramos porque dijo que tenía un amigo que era violinista y que tenía mucha merca. Cuando estabamos llegando a la puerta vimos a un hombre que ya nos había captado con la mirada, mientras nos acércabamos a la puerta suplicábamos por adentro de que ese no fuera el violinista. Malas noticias para nosotras, era él y nos recibió con medio vaso que alcanzó de la cerveza caliente que habían tomado con el príncipe hacía rato. Se llamaba José, el tío Jose le decíamos nosotras. Mientras que Justine y el príncipe se conocían más a fondo en una habitación, yo me quedé tomando con el tío. Me tenía a upa, me pedía que le dé besitos en el cachete, pero no accedí a mucho más, lo entretuve dándole de comer de mi ano toda la noche. Antes de partir hubo una discusión entre José y el resto de nosotros, porque cuando se acabó la cocaína, me irrité enseguida con la presencia del hediondo tío, por esa razón le dije que me esperara en el living, que tenía que hablar unas cosas con Justine y el otro. José se sintió apartado e irrumpió en la habitación para acusarnos de malas personas, al rato nos fuimos no sin antes escuchar al tío pedirme que no se cortara nuestro contacto. Tiesas en el colectivo, no aguantábamos un viaje tan largo hasta casa, así que nos bajamos en Balvanera hasta la casa del príncipe. Nos quedamos un par de horas, le pedimos un porro y nos fuimos, el príncipe quedó ofendido porque sintió que no le habíamos dedicado el tiempo que él creía merecerse. En su último mensaje me dijo que solo podía esperar tres cosas de la droga, me pidió que por favor lo escuchara pero no cumplí.